miércoles, 28 de agosto de 2013

Instalaciones de energía solar fotovoltaica (I)

Las instalaciones de energía solar fotovoltaica en los edificios (I)

Bases de la fotoelectricidad. Células fotovoltaicas. Sistemas autónomos y conectados.


La fotoelectricidad es la producción de una fuerza electromotriz en un dispositivo por la acción de un flujo luminoso. Se puede producir sobre sustancias sólidas, líquidas o gaseosas. Las sustancias semiconductoras más utilizadas en transición directa son el germanio, el selenuro de cobre-indio, el fosfuro de indio, el arseniuro de galio, el teluro de cadmio, el selenuro de cadmio y el sulfuro de cadmio. En transición indirecta, los semiconductores más utilizados con el silicio y el fosfuro de galio.

Tipos de células fotovoltaicas

Se fabrica tres tipos principales de células fotovoltaicas: monocristalinas, policristalinas y de silicio amorfo. Las que tienen más rendimiento son las monocristalinas (entre un 14 y un 16 %), y las que tienen menos rendimiento son las de silicio amorfo (entre un 7 y un 11%).

Los sistemas fotovoltaicos autónomos

La configuración habitual de los paneles fotovoltaicos se compone de dos vidrios planos entre los cuales se sitúa las células fotovoltaicas. En el esquema habitual de un sistema autónomo, los paneles se conectan a un regulador desde el cual se abastece directamente a los equipos que funcionen con corriente continua y a una batería. La batería se conecta a un inversor que convierte la energía en corriente alterna con la que abastecer a los equipos domésticos. Las baterías que deben formar parte de los sistemas fotovoltaicos autónomos suelen ser de tres tipos: de plomo, de níquel-cadmio y de níquel-hierro. La capacidad de acumulación es prácticamente la misma en los tres casos, pero donde sí hay diferencia es en la vida útil: las baterías más duraderas son las de níquel-cadmio (unos diez años de vida útil), mientras que las menos duraderas son las de níquel-hierro (unos dos años).

Los sistemas fotovoltaicos conectados

Cuando el sistema se mantiene conectado a la red, la batería deja de ser necesaria. En los sistemas conectados, el generador fotovoltaico se conecta a un inversor que transforma la corriente continua en alterna y abastece a un cuadro de contadores y protecciones que se conecta a la caja de embarrado, donde se recibe también la conexión desde la Caja General de Protección que recibe la conexión con la red eléctrica.
Proyectos de instalaciones en edificios











Daniel Trujillano, arquitecto

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